Invisibles 

Javier me había pedido acudir a su despacho en la zona empresarial, había leído mi correo y estaba dispuesto a ayudarnos pero a cambio debíamos colaborar con él. El tren se había ido llenando estación tras estación, yo tengo la suerte de vivir lejos del centro y eso me permite coger sitio sin problema. A pesar que los asientos parecían diseñados por un mono, dentro del tren se estaba bien, fuera llovía, yo iba escuchando Death Horse de Guns&Roses y dándole vueltas al coco sobre que sería lo que quería de nosotros y como podíamos ayudarle a él. Algo se nos ocurriría el pensamiento lateral es una técnica surgida para resolver problemas de un modo imaginativo, es abandonar el pensamiento vertical y lógico, para introducir en la ecuación nuevos puntos de vista más novedosos y atrevidos y algo menos lógicos, de este modo encuentras respuestas satisfactorias que de otro modo no hubieran sido factibles.

Javier tenía una consultora y ganaba dinero asesorando a empresas extranjeras que querían implantarse en España. Imaginaba que tendría algún evento y necesitaría amenizarlo. Conocíamos bien el mundo de la empresa, ya que en ellas dimos nuestros comienzos. Por aquel entonces nos contrataban para entretener a cientos de trabajadores atiborrados de alcohol que ignoraban nuestro trabajo. En el mejor de los casos, por un par de horas de monólogos y números musicales, podíamos ganar unos seis mil euros, y con ese dinero comprábamos vestuario, maquillaje y utillería para la obra que estuviéramos preparando.

Pero Javier no quería que amenizáramos ningún evento, llegué a su oficina me quité el chubasquero empapado y tras un fuerte abrazo y dos preguntas de cortesía me pidió que me sentara y sin muchos rodeos empezó a esbozar el proyecto que tenía entre manos.

A través de un empresario amigo suyo, llamado Frank estaba a punto de cerrar una operación que cambiaría sus vidas. Frank era un ingeniero canadiense que llevaba varios años afincado en España. Aquí montó su propia empresa y tras varios intentos logró crear una batería eléctrica que se recarga con el propio movimiento del vehículo que la llevara incorporada. Tras patentar el invento entró en juego Javier quien hizo llamadas y viajes a diferentes foros de empresarios donde tenía contactos de confianza, su objetivo era llegar a los empresarios más poderosos de los cuatro o cinco paises más poderosos. Dos meses después una empresa automovilística japonesa llamada Hichita & Co (H&Co), está dispuesta a comprarle la patente y tras eternas sesiones de negociación entre abogados, las dos partes han llegado a un acuerdo económico sobre la patente, pero queda pendiente la comisión que H&Co pagaría a la empresa de Frank por cada unidad fabricada en España. Para cerrar este importante fleco, H&Co manda a España una comitiva de dos ingenieros y dos abogados para formalizar una oferta. Pero Frank no podía atenderles en el pequeño local aledaño a su casa donde ha desarrollado el prototipo de batería, si lo hiciera quedaría muy debilitado para negociar, teniendo en cuenta que estamos hablando de fabricar más de dos millones de unidades al año.

Javier había encontrado una solución inspirada en la película de El Golpe con los magistrales Robert Redford y Paul Newman, sin tiempo que perder compró una Sociedad Limitada que llevaba varios años sin actividad, le cambió el nombre por Sinergia Technology S.L y alquiló por un mes una oficina diáfana en el centro financiero.

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