Después de los saludos, almorzamos un manjar, basado en tortas de maíz y raíces. A la comida le siguió una infusión de hierbas, con un sabor más agradable que el de la comida, hasta que la conversación empezó a abrirse camino.

Hacía varios días, había muerto el anciano de la familia, y lo contaban con tanta emoción que parecía que había sucedido un milagro. Me hablaron de la vida y de la muerte en un orden inverso al nuestro.

Me fascinó la seguridad con la que dejaban atrás planteamientos tan etéreos para nosotros en occidente. Ellos parecían saber lo que ocurre tras la muerte. Me explicaron que cuando entre ellos nace alguien, la seriedad y la importancia del momento no permitía ninguna muestra de alegría, ni emoción.

Para ellos el primer segundo de vida es realmente el único segundo de vida, todo lo demás lo consideran muerte. A partir de ese momento la manzana empieza a pudrirse, hasta morir. 

Así el orden natural sería:

1º.- La nada, antes de llegar al mundo.

2º.- Una muerte lenta que dura 80 años.

3º.- La vida 

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